Probablemente uno de los momentos más duros del año es la vuelta al trabajo después de unas merecidas vacaciones. De hecho, para muchísima gente, de la cual yo me incluyo, el año comienza en septiembre y no en enero como el resto de los mortales.

Si lo piensas, hay mil motivos por los que empezar el curso con alegría y con energía, pero el ser humano por defecto ( en la mayoría de los casos ) tiende a dar más peso a lo negativo que a lo positivo. Es decir, que no valoramos esas pequeñas cosas de la vida simplemente porque nos vienen de serie como es la salud, el trabajo, caminar, reír, sentir, amigos, familia……

Nos invaden pensamientos negativos unos días antes de volver al trabajo del estilo “ volver a la rutina..”, “ ver a alguien que no soporto “, “ las prisas”, “ el frío “….

Tanto es así que no llegamos a disfrutar los últimos días u horas de nuestras tan deseadas vacaciones, hasta el punto de presentar síntomas de rechazo.

Cuando se nos hace tan  duro volver al trabajo es porque realmente no somos felices en lo que a la vida laboral se refiere, algo que seguro nos hemos planteado en muchos momentos. Y es que la vida, por suerte o por desgracia, en algún momento te enseña a entender que sólo se vive una vez y que por ello hay que valorar cada segundo que permanecemos en ella, sin dar importancia a esas pequeñas cosas que nos pueden amargar el día a día.

Por ello, para poder derrotar  esos pensamientos negativos que nos invaden, tenemos dos opciones, realizar un cambio o afrontar lo que se nos presenta.

Nuestra felicidad depende de nosotros mismos y de cómo miremos  a la vida.

Para aquellos que presentan rechazo ante esa vuelta al trabajo, es el momento para plantearse si es necesario que en esta ÚNICA vida que tenemos, permitamos que nuestra felicidad se vea eclipsada por nuestro trabajo. Aquí es donde hay que plantearse un cambio.

Lógicamente tenemos que analizar si ese cambio nos lo podemos permitir, si es viable.

Debemos ser realistas y pensar si puedo optar a otro trabajo, si económicamente es posible……. Si es así, adelante ¡!!!! No lo dudes!!!!!   Es tu momento!!!!!  Cámbialo porque llegó la hora.

Si por el contrario, por ahora no es viable, entonces demos la vuelta a la tortilla y aprendamos a ver lo positivo de las cosas.

Recuerda que si alguien te hace daño es porque tú se lo permites, por tanto vamos a cambiar el modo en el que percibimos el mundo que nos rodea.

Por ejemplo, si me pongo muy nervioso porque mi compañero no realiza bien determinadas tareas y eso en cierta manera me repercute, en lugar de callarme y llevarlo por dentro ( algo que poco a poco acaba minando), me reúno con él y le explico cómo me siento y cómo me gustaría que se hicieran las cosas para trabajar mejor en equipo, siempre con buenas palabras y en dirección al cambio.

Si me produce mucha ansiedad que mi jefe no me escuche cuando intento transmitir algún problema y mi actitud de siempre es aguantarme y llevarlo por dentro, este es el momento para decir de buena gana a mi jefe que necesito que me preste atención para poder explicar mis circunstancias del día a día.

Y por supuesto cambiar pensamientos negativos por otros positivos, por ejemplo:

Sustituir “ puf mañana trabajo “ por “ tengo suerte que mañana trabajo “, o  “ que mal, hoy voy a salir muy tarde “  por “ si hoy salgo tarde no pasa nada porque mañana no lo haré”.

Como estos ejemplos hay miles para intentar realizar pequeños cambios que nos van a mejorar considerablemente nuestro día a día.

Por eso amigos si cambiamos nuestra percepción de las cosas cambiaremos nuestro rumbo hacia la felicidad.