“Si quieres ser respetado por los demás, lo mejor es respetarte a ti mismo. Sólo por eso, sólo por el propio respeto que te tengas inspirarás a otros a respetarte.”

Fiodor Dostoyevski

Hace unos días una buena amiga, charlando de todo un poco mientras tomábamos un café, me preguntaba: “¿Qué es eso de la asertividad? Lo he oído muchas veces, pero todavía no me queda claro. ¿Es saber decir que no?” La asertividad es eso y mucho más, veamos en qué consiste.

Una de las definiciones más completas es la aportada por Vicente Caballo, profesor de la Universidad de Granada, que considera el comportamiento asertivo como  “…ese conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la situación inmediata, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas”.

En resumen, la asertividad consiste en defender nuestros propios derechos, necesidades, gustos, deseos y opiniones teniendo en cuentas los derechos de los demás.

Al comunicarnos con los demás solemos hacerlo en base a tres estilos de conducta:

–          Pasivo

–          Agresivo

–          Asertivo

Las personas que utilizan un estilo de comunicación pasivo son aquellas que tienden a la sumisión y a ceder siempre en lo que se les pide. No hacen respetar sus derechos, tienen la necesidad de agradar a los demás, por lo que se suelen aprovechar de ellas y se sienten manipuladas. Es característico de estas personas que miren hacia abajo, que hablen con tono de voz bajo, dudas, titubeos, risa nerviosa, postura corporal hundida.

Las expresiones típicas de este estilo de comunicación son: “No importa…”, “Como tú prefieras…”, “No te molestes…”, “Quizás, supongo…”, “Te importaría mucho sí…”.

Si bien las personas que utilizan este estilo de comunicación pretenden evitar conflictos interpersonales, las consecuencias para ellas mismas son pérdida de oportunidades, una pobre autoimagen, baja autoestima, sensación de descontrol, desamparo, soledad, enfado y, en casos extremos, depresión.

Cuando hablamos de estilo de comunicación agresivo se hace referencia a aquellas personas que tienden a imponer sus derechos por encima de los demás, utilizan el sarcasmo, la humillación y la ridiculización del otro.

Este tipo de comunicación se caracteriza por un tono de voz elevado, mirada fija, gestos amenazantes, postura intimidatoria, habla rápida, etc.

Son habituales expresiones como “Por tu culpa…”, “Deberías…”, “Si no lo haces…”, “No sabes…”, “Eres…”.

Cuando nos encontramos con personas con este estilo de conducta solemos pensar que son seguras de sí mismas y que poseen una elevada autoestima, pero nada más lejos de la realidad. Los efectos de esta forma de comportamiento son conflictos interpersonales, rechazo de los demás, soledad, sentimientos de frustración, culpa y descontrol, una imagen pobre de sí mismos.

El tercer estilo de comunicación es el asertivo, que consiste en la emisión de conductas apropiadas en el momento correcto. Las personas que utilizan este comportamiento son aquellas que mantienen la mirada sin ser agresiva, un nivel de voz conversacional, habla fluida y manos sueltas. Son honestas, empáticas, serenas y dan respuestas directas a la situación.

Son típicas las expresiones en primera persona como “Yo creo…”, “Pienso…”, “Quiero…”, “Comprendo que tú…, pero yo…”, “Cuando tú haces… yo me siento…”

Los efectos de la conducta asertiva para aquellos que la practican son la resolución adecuada de los conflictos, alta autoestima, valoración y respeto de los demás, relaciones satisfactorias, sensación de control y la creación de sus propias oportunidades.

 

¿Con qué estilo de conducta te sientes más identificado?

En próximos post profundizaremos en cómo y cuándo podemos llevar a cabo este estilo de comportamiento.