Tras el nacimiento de un bebé, queda un proceso maravilloso y complejo todavía por hacer. Tras el parto, el niño nace inocente en un mundo muy diverso donde tiene que desarrollarse y aprender, en este momento entonces, comienza una etapa de independencia, que no tenía en el útero materno.

El cerebro en la edad infantil, vive una época de esplendor que resulta difícilmente superable en cuanto a flexibilidad de cualquier otra fase en la vida de un ser humano. No debemos extrañarnos cuando se lee en múltiples artículos y noticias que durante los seis primeros años de vida, si no se estimula adecuadamente, luego quizás sea tarde, no porque aparezcan limitaciones, pero quizás si no se a aprovechado la plasticidad neuronal que existe en el cerebro en esos momentos, se pierda parte del potencial que podría alcanzar el niño/a.

 

El cerebro humano, tiene muchas más posibilidades de las que uno se puede imaginar. Un bebé recién nacido no nace con un cerebro ya “terminado”, sino que se va conformando la estructura cerebral durante los primeros años de vida. 

Cuando nacemos, el cerebro tiene muchas posibilidades de adoptar infinidad de estructuras mentales básicas, dependiendo en gran parte, del ambiente; es decir, de la influencia de estímulos que el medio social proporciona al niño/a.

Al nacer, hay circuitos neuronales que se pierden y otros que se forman nuevos. La capacidad de conexión de las neuronas es la manera en la que el cerebro muestra su enorme plasticidad y gran sensibilidad al medio que nos rodea, pues los estímulos del medio son los que provocan la conexión de las neuronas, éstas forman circuitos y redes neuronales, que a la vez son la base de funcionamiento del sistema nervioso. Estos circuitos y conexiones que se pierden, se producen desde dentro del útero y a lo largo del desarrollo del niño, debido a falta de uso. En cambio, se formaran múltiples nuevas conexiones según las necesidades que van surgiendo en relación al medio externo del niño/a.

Esto significa, en otras palabras, que para nuestro cerebro, la estimulación ambiental es como para la vida lo es el agua. El cerebro necesita ser estimulado y es precisamente en la infancia donde esto resulta necesario, pues la capacidad neuronal de establecer conexiones es algo que se va reduciendo y cerrando a lo largo de los años ( hacia los tres años). Por lo tanto, si un niño es poco estimulado, probablemente la cantidad y la calidad de las redes neuronales sean inferiores a las redes de otro niño/a más estimulado, y tendría menos posibilidades de tener un cerebro con más capacidades, con más conexiones neuronales que facilitaran los aprendizajes y su desarrollo.

De aquí la importancia que queremos trasmitir a este tipo de estimulación temprana. Una estimulación que ayuda al niño/a que logre incrementar el nivel madurativo a nivel cerebral. Con la estimulación temprana lo único que realizamos es organizarle y proponerle un entorno más estructurado, que tiene en cuenta al niño y su naturaleza, y basado en un cierto conocimiento de la  conducta del niño/a, se le proporcionan juegos, estímulos, ejercicios que precisamente traten de facilitarle su experiencia y ayudar a que ésta se de mayor cantidad y calidad.